dogminancia-relación perros y niños

Como anticipamos en nuestra última publicación, que trataba sobre la llegada de un bebé a una casa con perros, esta vez vamos a hablar, en general, de la relación perro-niño, de los problemas que se pueden presentar entre ambos y de cómo podemos evitarlos.

En primer lugar, vamos a hablar de lo que se suele hacer habitualmente cuando un niño se relaciona con un perro: proteger al niño.

Las personas intervenimos mucho en la relación entre perros y niños pero, normalmente, no ponemos el foco en el lugar adecuado. Si un niño pasa corriendo al lado de un perro y el perro hace amago de perseguirle, si un niño le ofrece al perro su bocadillo pero después se lo retira y éste intenta quitárselo, si un perro gruñe a un niño que le ha tirado varías veces del rabo… la solución siempre es la misma: tiron de correa y/o regañina al canto (al perro, por supuesto). Cualquier persona que comparta su vida con perros debería protegerles de todas estas situaciones que les generan malestar y pueden ser el origen de problemas mayores. Regañarles o corregirles no hará más que generar o incrementar los problemas. Por lo tanto, en lugar de proteger al niño, será mucho más útil proteger al perro de estas situaciones, muchas veces insoportables para ellos, aunque la mayor parte de las veces sean capaces de ejercer un autocontrol que ya nos gustaría para nosotros. Ejemplo que se produce el mismo día que escribimos estas líneas: un niño de unos siete años se acerca y me pregunta que como se llama el perro, que por qué lleva arnés en vez de collar, etc. Es un niño adorable y me cuenta que él también tiene perro, pero en un momento dado se pasa de efusividad y empieza a darle a Danko golpecitos en el morro. Lo hace con toda la buena intención pero a Danko le molesta y tengo la necesidad de protegerle, independientemente de que sé que nunca le haría daño al niño. Le explico al pequeñajo que así no le gusta y que mejor lo haga más despacio y en el pecho. El niño me pregunta que por qué y me dice que él con su perro lo hace así y que no pasa nada. Entonces le empiezo a tocar al niño la nariz y le pregunto si le molesta. Me dice que si. Le explico que al perro le molesta todavía más y lo entiende perfectamente. He protegido a mi perro de una situación desagradable y puede que la próxima vez ese niño se ponga un poquito en el lugar del perro. Incluso puede que se lo cuente a alguno de sus amigos y consigamos llevarnos a algunos a nuestro terreno, aunque también puede que cuando ese niño se lo cuente a sus padres éstos le digan algo como que eso son tonterias y que a los perros no les molesta nada… Sea como sea habrá merecido la pena haber invertido un poco de tiempo en proteger a mi perro y, a la vez, en que él entienda que esos locos bajitos no son una amenaza para él, aunque a veces lo parezca.

En segundo lugar vamos a hablar de la supervisión y lo haremos ligándolo con el ejemplo anterior: ¿que hacían los padres de ese niño mientras él le daba golpecitos a mi perro? Tomar cervezas despreocupadamente ¿y que hubiese pasado si en vez de Danko, se hubiese tratado de otro perro del que también alguien se hubiese despreocupado? Probablemente, nada, pero ¿y si pasase? Si pasase toda la culpa hubiese sido del perro que, más que probablemente, hubiese acabado siendo sacrificado. Siempre hay que supervisar la relación de los niños con los perros. Sí, todos los niños y todos los perros son muy buenos (al menos para sus padres) pero en la relación entre ellos siempre puede haber malentendidos o momentos “peligrosos”. Hay una baja probabilidad de que algo malo ocurra pero, en el caso que así sea, las consecuencias pueden ser catastróficas por lo que no merece la pena correr el riesgo: un perro al que se moleste cuando está comiendo, un juego demasiado subido de tono, un niño al que le dé  por maltratar a un perro, un perro que sea llevado más allá del límite que puede soportar… son situaciones que ocurren todos los días y que tendríamos que intentar evitar. Solo podremos hacerlo si procuramos estar siempre pendientes (que no preocupados).

Llegados a este punto es cuando debemos hablar de la educación, porque si todos los perros y los niños estuviesen bien educados, los dos anteriores puntos casi sobrarían (repetimos, casi).

Decimos que casi sobrarían porque tanto niños como perros son seres vivos que, además, viven en un entorno cambiante, y, por lo tanto, siempre se darán  situaciones y reacciones impredecibles. Pero si tuviésemos perros y personas bien educados no tendríamos que preocuparnos de proteger a nuestros perros de situaciones indeseadas y podríamos relajar esa supervisión de la que hablamos que, hoy por hoy,  es  imprescindible. Solo con que todos los perros tuviesen una educación básica y, sobre todo, con que los niños tuviesen unos conocimientos mínimos de educación y respeto canino (aprender a ponerse en su lugar, conocimiento del lenguaje canino, de cómo evitar y resolver conflictos con ellos, etc.) conseguiríamos reducir al mínimo cualquier posibilidad de problemas y, por lo tanto, evitar incidentes graves,  estigmatizacion de ciertas razas o tipos de perros, sacrificios, etc.

En resumen, eduquemos a nuestros pequeños en el respeto y conocimiento de los perros y aprovechemos nosotros, también, para aprender a relacionarnos un poco mejor con ellos. Esa será la clave para dar un gran salto cualitativo que nos  lleve a un futuro mejor, lejos de corrientes  que han demostrado tener consecuencias desastrosas, basadas en las jerarquías, la utilización de métodos punitivos, etc. Mientras tanto y en paralelo a esta educación que para nosotros debe ser la base de cualquier cambio sólido, recordad: supervisión y protección al perro (vuestros perretes os lo agradecerán, vuestros niños estarán más seguros y vosotros viviréis mucho más tranquilos…).

Para finalizar esta publicación y con la intención de poner otro ejemplo cercano que creemos es clarificador, queríamos hablar de Alba y Mario, nuestros sobrinos: Ellos no conviven diariamente con perros, pero les han tocado unos tíos que están locos por ellos y que se han preocupado por enseñarles a respetarles, conocerles mejor y entenderles. Pocas cosas nos dan tanta satisfacción como que nos hagan preguntas como ¿a los perros les duelen las patitas cuando hace calor? (finalizando la pregunta con un: como no llevan zapatos…) O como cuando nos cuentan enfadados que han visto a un señor pegando tirones de correa a su perro y que él muy tonto no se daba cuenta de que el pobre solo tenía miedo… Son niños como ellos los que cambiarán el mundo en el futuro y es tarea de cada uno de nosotros dedicarles algo de tiempo y darles las herramientas para que puedan empezar a hacerlo desde este  mismo momento…

Y recuerda lo más importante…¡¡No te olvides de disfrutar de tu perro!!

Desde dogminancia.com os animamos a colaborar con la protectora Hoope:

En este enlace puedes consultar todas nuestras publicaciones.

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