Abeto_no compra perro navidad_dogminancia

Como cada Navidad mucha gente se estará planteando regalarle un perro a sus hijos o a un ser querido. Personalmente, nada me haría mas ilusión que los Reyes Magos o Papá Noel me dejasen un cachorrete junto al árbol de Navidad, pero no es buena idea. No todos los perros-regalo acaban teniendo la vida que las personas que los compraron o adoptaron imaginaban para ellos. Como ejemplo, sirva la historia de Abeto:

Abeto nació en una “granja”. Una de esas en las que cada mes nacen cientos de perros de todas las razas. No fue un buen comienzo. El olor a muerte y excrementos y los llantos del resto de perros que inundaban la nave le calaron tan hondo como aquel dolor en la cadera, fruto del hacinamiento.

La salida de allí no fue mejor. Escondidos en el fondo de un camión, muchos de sus compañeros de viaje no soportaron las condiciones: el ruido, el frío, el miedo y, otra vez, ese olor…

Abeto no entendía muy bien donde estaba ni como había acabado allí pero por primera vez en su corta vida y a pesar del miedo inicial, empezó a sentir calma, una calma mezclada con agotamiento que hizo que se quedase profundamente dormido…

Cuando le despiertan, bruscamente, el pequeño no sabe cuanto tiempo ha pasado desde que se quedó dormido. Hay mucha luz, alguien le coge, le saca de allí, le deja en una esquina y, un rato después, le vuelve a meter donde estaba. Huele muy fuerte. Le dan de comer. No han sido muy amables aunque parece que la cosa ha mejorado respecto a su vida anterior, cuando de repente… mucho ruido y esas personas que se agolpan al otro lado. Algunas le sonríen, parecen amigables, pero gritan y golpean el cristal y Abeto vuelve a tener miedo. Día tras día….

Y llega un día en el que le sacan de aquella caja de cristal. Abeto se sorprende porque no es la hora de siempre y aquel lugar está lleno de gente. Algunas de esas personas le tocan, le hablan muy alto…. de nuevo se incrementa el miedo. Le meten en una caja que se mueve mucho y, semanas después de aquel primer viaje, vuelve a escuchar el ruido de un motor. Todavía recuerda aquel olor y el miedo se apodera de él.

Se para el motor. La caja se vuelve a mover mientras se escuchan voces. Algunas son las mismas que escuchaba en el centro comercial. Le sacan de aquella caja… todo aquello es nuevo para él y por primera vez en su corta vida tiene libertad de movimientos. Lo observa todo, con una mezcla de miedo y curiosidad. Finalmente, sale corriendo a investigar, mientras aquellas personas corren detrás de él diciendo ¡no! No entiende que significa, quizás quieren jugar, y sigue corriendo. Encuentra un juguete que llama su atención y otra vez escucha ¡no! Y de repente, nota que le agarran, le zarandean… llora pero le siguen diciendo ¡no!. Abeto no lo entiende…

Las próximas horas y los siguientes días transcurren más o menos igual pero Abeto cada vez está más confundido… Aquella gente a veces es muy amable con él. Le acarician, juegan, le dan de comer… pero de repente se enfadan y le tratan muy mal y Abeto no entiende nada. Se esfuerza,  pero no lo entiende y cada vez es peor (más angustia, más gritos, más zarandeos, más miedo…).

Un día como cualquier otro, le suben en el coche. Como siempre, Abeto tiene miedo. El simple ruido del motor le aterra. Siempre lo ha hecho, pero cada vez es peor (la primera vez que le subieron en el coche para ir al veterinario se meó de miedo y, ya sabéis: gritos, zarandeos, el posterior dolor de aquella aguja… ). El coche se detiene pero no apagan el motor. Hay mucho ruido y le bajan. No conoce aquel lugar. Aquellas personas que han convivido con él durante meses se vuelven a subir al coche mientras Abeto espera a que se bajen de nuevo, pero el coche se va. Espera a que vuelvan, pero pasan las horas y nadie aparece. Aún así, Abeto, pacientemente, sigue esperando a que regresen (¿por qué no iban a hacerlo?) pero cada vez tiene mas hambre, sed y miedo… Finalmente el sueño le vence, allí mismo, en el arcén, enroscado sobre si mismo, mientras intenta mantener el calor de su cuerpo. Cada vez que suena un coche se despierta. El miedo se apodera de él al mismo tiempo que se incrementa su estado de alerta. No sabe por qué pero siente que algo no va bien…

Se ha hecho de día y el ruido ya es ensordecedor. Abeto se sobresalta, cuando un coche le pasa rozando, y empieza a correr. Los coches le pasan por todas partes y corre y corre… Es un milagro que consiga salir vivo de allí.

Abeto pasa varios días vagando, con hambre, sed, frío…. Cada vez está mas cansado y cada vez tiene mas miedo. Está buscando un sitio seguro en el que tumbarse cuando nota que, lentamente, se le aproxima una persona. Tiene que salir corriendo de allí (ha aprendido que las personas son peligrosas) pero, cuando se dispone a huir, ve que le está mostrando un poco de comida… Le da mucho miedo acercarse, pero tiene un hambre atroz y aquello huele muy bien. Tras mas de una hora, finalmente, decide acercarse, muy poco a poco… No puede resistirse a ese intenso olor que lentamente le va llevando hasta ella. Al fin puede comer, pero lo hace mientras mira de reojo a aquella chica que, aparentemente, le observa con cara de pena. Abeto no se fía. No tiene motivos para hacerlo… Y de repente, ella le coge, Abeto no tiene fuerzas para resistirse, tiene demasiado miedo, un miedo que le paraliza. Vuelve a sonar el ruido de un motor…

El motor se para, le bajan con cuidado y le llevan rápidamente de un sitio a otro. Le manipulan, le clavan agujas… Le tratan con cuidado pero Abeto tiene mucho miedo y, finalmente, vuelve a acabar en una jaula. El frío, el olor, los quejidos de otros perros… Todo le recuerda a aquella “granja” pero al menos ahora no percibe aquel olor…

A día de hoy, Abeto sigue esperando en la protectora a que alguien se fije en él. Es un perro bonito, de raza y, gracias al buen trabajo de la protectora, tiene menos miedo y se relaciona muy bien con perros y personas,  pero ya tiene mas de un año y, a pesar de ser un perro estupendo, sigue allí. No lo tendrá fácil. Abeto es solo uno de los miles de regalos que se convirtieron en perros abandonados tras la pasada Navidad….

Moraleja: Si estás pensando en regalar un perro estas navidades, espera. Compartir la vida con un perro es un regalo, pero no esa clase de regalo. Espera unos meses, medítalo, piensa en si encaja en tu vida, si estás dispuesto a renunciar a muchas cosas a cambio de esas otras cosas que solo te puede dar un perro y, si sigues convencido, date una vuelta por una protectora. Seguro que el perro que necesitas estará allí y no descartes la idea de que sea el mismo que pudiste comprar estas Navidades….

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6 comentarios

  1. Ay no, se me parte el corazón nada más de pensarlo… es lamentable que la gente trate a los animales así y no se den cuenta del error que cometen. Son tan nobles y fieles que lo mínimo que merecen es ser cuidados ya amados. Me entristece demasiado este tema…
    Muy buena entrada.

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  2. Hace seis años mi hijo me regaló un bebé golden retriever, es mi adoración, está hermoso y lo amo! Fui de visita con mi cuñada y mi Sobrina iba a regalar un chihuahuita recién destetado, lo abrace y nos enamoramos mutuamente y me quedè con él, hoy tiene casi un año y nos amamos! Hace un año mi hijo quiso regalarle a su prometida otro chihuahuita, se lo conseguí, pero ella trabaja todo el día, la perrita lloraba por estar solita y la casera pidió que se la lleva a otro lado y que creen, me la llevaron y yo la amo!

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    1. Muchas gracias por su comentario Leonor. Es un gran ejemplo de por qué no se deben regalar animales. Puede haber suerte y que den con gente como usted pero ¿que hubiese pasado si la prometida de su hijo no hubiese tenido a nadie que se lo quisiese llevar a su casa?
      Creemos que hay que ser responsable y no correr riesgos innecesarios, más aún cuando se juega con la vida de seres vivos y, en muchos casos, se colabora con grandes mafias de tráfico de animales.
      Sus perros tienen suerte de haber dado con alguien que los quiera tanto

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