Una de personas vanidosas y perros con problemas

Personas vanidosas y perros con problemas

Una de personas vanidosas y perros con problemas

Ésta es una historia ficticia pero muy real:

Érase una vez un grupo de personas con perros que se juntaban todos los días, desde hacía años, en el descampado que tenían muy cerca de sus casas. Era un grupo heterogéneo, de hombres y mujeres de todas las edades pero tenían algo en común:

Todos los días bajaban allí, soltaban a sus perros y se ponían hablar de distintos temas mientras “cansaban y/o socializaban a sus perros”. Cada uno tenía su forma de entender la relación con sus amigos de cuatro patas y, por supuesto, cada uno de ellos pensaba que esa forma era la mejor pero, por distintos motivos, todos tenían claro que “cansar y/o socializar” a su perro era algo que tenían que hacer para que sus perros y ellos viviesen felices y sin problemas. Sin duda, aquella forma que habían elegido era LA FORMA. De hecho, criticaban ferozmente a los vecinos que decidían libremente no entrar en aquel selecto grupo y pasaban por él de largo, continuando con sus paseos ¡como podían privar a sus perros de aquello!

En ese grupo estaban Juanjo y Jorge con sus perros Jacko y Jazz, un pastor alemán y un pastor belga a los que «habían tenido que imponerse para evitar problemas de dominancia» (por supuesto, también los habían castrado). Ambos tenían claro que si no fuese por su experiencia (tenían perro “de toda la vida”) y por cómo habían sabido tratarles hubiesen sido perros con muchos problemas. Los collares de ahorque que llevaban sus perros también les habían ayudado mucho en aquella tarea.

Sin embargo, María, que siempre iba acompañada de su perro Lolo, un cruce de American Stafford, no creía que la forma que tenían Juanjo y Jorge de relacionarse con sus perros fuera correcta. Ella había leído que el arnés era mejor y desde entonces nunca más le había puesto un collar. Estaba convencida de que Juanjo y Jorge estaban equivocados y que, al contrario de lo que ellos pensaban, la clave no estaba en la mano dura y lo único que los perros necesitaban era cariño. Ella hablaba mucho con Lolo ¡¡y él le entendía todo!!

Marta tenía un Labrador de siete años llamado Rosco y estaba a medio camino de lo que pensaban Jorge y Juanjo y de lo que pensaba María. Por supuesto, también estaba convencida de que su forma de relacionarse con Rosco era la mejor y que gracias a ella Rosco ya no era el perro descontrolado que un día fue. Si ese perro díscolo hubiese acabado en otras manos…

Luego estaba Abundio, que era adiestrador. Cada día aparecía por allí con un perro distinto y aprovechaba para recalcarles a todos que esos perros rescatados por protectoras, encontrarían su hogar gracias a él y a todo su conocimiento.

En total, aquel grupo estaba formado por unas diez personas más, con sus respectivos perros. No os vamos a aburrir con las historias de todos ellos. Solo quedaos con la idea de que todos, sin, excepción, pensaban que sabían más de perros que los demás y estaban convencidos de que sus perros serían mucho peores si no hubiesen convivido con ellos.

Mientras tanto, Jacko y Jazz convivían a duras penas con el resto de los perretes de aquel grupo y no eran pocas las veces que eran reprendidos por Jorge y Juanjo por hacer de la suyas con los miembros perrunos del grupo (por supuesto, tenían muchos problemas con cualquier perro “forastero“ que se acercase a ellos). Sin embargo Lolo no tenía ningún problema con los otros perros pero arrastraba a María cuando le llevaba sin correa y en casa ladraba todo el rato, ante cualquier estímulo… Rosco, en cambio, era un perro escapista, que de vez en cuando se cruzaba la calle o desaparecía en busca de algún perro o cualquier olor que le llamase la atención; además, era un perro acosador con los otros perros (su ansiedad le hacía ser un perro completamente maleducado) ¿y Abundio? Abundio era un “adiestrador especialista en modificación de conducta” (es lo que ponía en su tarjeta de visita) de medio pelo, que nunca mejoraría como profesional porque desde que hizo el curso de adiestrador, hacía ya muchos años, decidió que ya sabía todo lo que había que saber de los perros (nació y moriría como profesional, exactamente, con los mismos conocimientos).

¿Por qué os hemos contado la historia de este grupo? Porque es la historia más habitual de todas, la historia de personas que se piensan que lo saben todo y que no tienen nada que aprender de los demás; la historia de los que creen que lo saben todo cuando realmente no saben nada. Si todos ellos hubiesen cogido un poquito de los otros (aunque fuese para saber lo que no tenían que hacer), si hubiesen mirado menos hacia dentro y más hacia fuera, sus perros serían mucho más felices, sin ninguna duda…

Todas la semanas, tras cada publicación, recibimos decenas de mensajes (a veces cientos o miles) diciendo cosas como “ustedes dirán lo que quieran pero mi perro entiende todo lo que le digo”, “el collar no le hace ningún daño y me sirve para controlarle mejor”, “lo llevo haciendo así toda la vida y mi perro es muy feliz”, ”soy profesional desde hace treinta años y estais engañando a la gente porque lo que los perros necesitan es saber su lugar en la casa, tener disciplina…”, etc. No deja de llamarnos la atención que tanta gente que tiene problemas con sus perros o que tiene perros con problemas, ni siquiera sepa que los tiene; igual que nos sorprende que todo el mundo piense que lo sabe todo sobre los perros…

Y nos sorprende por dos cosas:

  1. Estamos convencidos de que, con la información que hoy en día tenemos de los perros, si todo el mundo adquiriese unos conocimientos básicos, los perros y personas que nos rodean tendrían una calidad de vida infinitamente mejor de la que tienen.
  2. Todavía es mucho lo que nos queda por conocer sobre los perros, sobre su comportamiento, su forma de aprender, sus sentimientos, etc. por lo que, por muchos conocimientos que uno crea que tiene, nos parece muy presuntuoso pensar que se sabe todo sobre ellos.

La vanidad es uno de los grandes enemigos del ser humano y con los perros no es diferente. Perros con problemas, acompañados de personas que ni se enteran de que los tienen… Perros sin problemas acompañados de personas que están convencidos de que los tienen. En la era en la que todos sabemos de todo y en la que se sabe más de los perros de lo que se ha sabido nunca seguimos relacionándonos mal con nuestros mejores amigos ¿por qué? Por vanidad, amigos/as, por vanidad…

Y recuerda lo más importante… ¡¡No te olvides de disfrutar de tu perro!!

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Hina, la preciosidad de la foto, está deseando que alguien se fije en ella. Si quieres darle la oportunidad que se merece, puedes ponerte en contacto con Hoope.org:

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