El perro agresivo que en realidad era un perro agredido

El perro agresivo que en realidad era un perro agredido

El perro agresivo que en realidad era un perro agredido

Todas las semanas nos llega algún caso como el de Yanko, un perro “agresivo con el que ya no saben que hacer y se están planteando la opción de sacrificarlo”. Por desgracia, es una situación más habitual de lo que nos gustaría, a la que se suele llegar tras hacer muchas cosas mal, muchas veces mal asesorados por “profesionales” que nos incitan a llevar a los perros a situaciones límite y que, una vez que el caso se les va de las manos, nos hacen creer que toda la culpa es nuestra y, sobre todo, del perro e incluso, como en este caso, que lo mejor para todos es sacrificarle.

La mayor parte de las veces todo se solucionaría haciendo justo lo contrario de lo que les recomendaron:

Estas personas acudieron a un “profesional” porque Yanko, un joven pastor alemán de un año, “se volvía loco cuando se cruzaba con otros perros”. El diagnóstico fue rápido y contundente: el perro es dominante y le habéis dejado que se crea el líder; tenéis que hacerle ver en todo momento que sois vosotros los que mandáis.

¿Qué incluía el tratamiento? Collar de ahorque para controlar mejor al perro y que no tirase cuando se encontraban a otros perros, se quisiese subir sobre las personas, etc. La comida siempre después de ellos, haciendo que el perro se acostumbrase a esperar y a que ellos metiesen la mano en el cuenco (tenían que demostrar que ellos eran los que mandaban). El perro tenía que entender cual era su lugar en la casa y para eso había que tratarle como a un perro (ignorarle salvo cuando quisiesen algo de él, nada de dejarle subir al sofá o a la cama, etc.). Practicar mucha obediencia, ya que el perro tenía que acostumbrarse a obedecerles… En resumen: mucho sometimiento y mucha mano dura.

Y entonces empezaron los verdaderos problemas: el collar de ahorque, que al principio parecía funcionar, consiguió que Yanko pareciese querer matar a todo aquello que se cruzaba por su camino; al cabo de un tiempo el perro empezó a gruñir cada vez que metían la mano en el cuenco de comida, le intentaban bajar del sofá o le sometían… hasta que el perro un día les mordió. Fue solo otro aviso que, una vez más no solo no se tomaron como una señal de que algo estaban haciendo mal , sino que la nueva solución que les dio el “profesional” fue meterle aún más presión al perro, “recetándoles”, entre otras cosas, un collar eléctrico que, por supuesto, tampoco funcionó. Lo que pasó es que se acabó agravando el problema, hasta que “el profesional” llegó a la conclusión de que Yanko no tenía solución (era un perro dominante que solo podía ser manejado por manos expertas y ahora se había convertido en un peligro para todo el mundo…)

Tras conocer todos los detalles del caso de Yanko llegamos a la misma conclusión a la que tantas veces hemos llegado con otros perros: Yanko y su familia no tenían problemas porque éste fuese un perro agresivo, sino porque, en realidad, era un perro agredido, a pesar de que nadie se hubiese dado cuenta de ello…

Porque la reactividad con otros perros que les llevó a la consulta de aquel “profesional”, fue provocada por una mala forma de relacionarse con su perro (tirones de correa, gritos, regañinas, golpecitos, zarandeos…) y, sin embargo, lo que les recomendaron no fue un cambio de rumbo, sino más madera…

Si alguien hubiese hecho algo más que quedarse en la superficie y les hubiese ayudado a entender por qué Yanko reaccionaba como reaccionaba, todo hubiese sido muy distinto, igual que lo hubiese sido si cuando empezó a gruñirles alguien les hubiese hablado del estrés al que le estaban sometiendo, de que debían “escuchar a su perro”, no molestarle ni entender la relación con él como una competición para ver quien mandaba, etc.

Este caso no es una excepción ni este tema es un asunto menor. Parece que Yanko tendrá una nueva oportunidad pero miles de perros son sacrificados porque supuestamente son agresivos, cuando la mayor parte de las veces son ellos los que nos sufren hasta que no les queda otra opción que defenderse.

Si tienes problemas con tu perro que no sabes solucionar, te recomendamos documentarte con fuentes fiables y/o contratar los servicios de un buen educador canino, que te ayudará a entenderle mejor, a mejorar la relación con él y a conseguir que tu perro y tú construyáis una relación de confianza en la que ambos seréis mucho mas felices.

Dejemos de agredir a nuestros perros y de hacerles creer que tienen algo de lo que defenderse y dediquémonos a disfrutar de ellos!!

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Zahora no tiene ningún problema de agresividad pero le está costando encontrar un hogar solo porque le pusieron la etiqueta PPP. Si quieres darle la oportunidad que se merece, puedes ponerte en contacto con Hoope.org:

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